Balanzategui . Loisier

Intervenciones en el espacio público . hondarribia


autores: txomin balanzategui & thomas loisier

En Francia, el espacio publico no es lugar de exploración, jamás interrogado, no propone real experiencia al par del recorrido. La mirada que lleva el arquitecto sobre lo que pudiera ser el espacio publico tiene que evolucionar.





































Consideramos el proyecto de fin de estudio como una oportunidad de buscar, experimentar, abrir las puertas de lo que no existe. Este ejercicio reconsidera el dominio de aplicación del arquitecto. A la frontera entre Urbanismo, Arquitectura, Paisajismo y Escultura, abrimos los campos de posibilidades y instalamos nuestro punto de vista sobre el enfoque espacial de un recorrido único, el de la bahía de Txingudi. Transfronterizo, esta planificado para llevar un papel directo y federador entre Francia y España a través el consorcio vasco de la Bidasoa (Hendaya, Irun y Hondarribia). A pesar, este camino no ha sido sujeto a una concepción global y solidaria, cada ciudad se ocupó de su tramo con poco interés, poca inversión, dando le un perfil genérico en un entorno precioso.
La bahía de Txingudi es un lugar inédito. En donde los Pirineos van a morir en el Atlántico, es el sitio de fenómenos meteorológico que le dan un carácter cambiante característico de esta zona. Aquí, el cielo desvela continuamente una cara distinta, la incertidumbre del clima y intemperies le dan al sitio una luz remarcable. Inquietante y saturada después de una tormenta, amenazante durante un Embata (Galerna en Hondarribia, tempestad de arena), hace radicalmente variar nuestra percepción de los colores, de los relieves, y reflejos, imponiendo tantas situaciones y humores. Mas allá del clima y del grande paisaje, el río mismo, la Bidasoa, revela sensaciones únicas al seguir su llegada al océano. Los diferentes descansillos de su arranque hacia el Atlántico crean una secuenciación ,una subida en potencia : la calma del espesor pantanoso de los « Joncaux » y de Plaiaundi, la dilatación llana y apaciguadora de la bahía, la compresión solemne y angustiosa entre los dos rompeolas, el miedo y la desconfianza que provocan los remolinos y las salpicaduras del océano.

La importancia del río y de su carga emocional nos ha dado la certitud que será el elemento primero y constructivo del proyecto, es decir el aglomerante de nuestras intervenciones.
La cara de esta bahía ha sido desfigurada al largo de los siglos con la construcción de grandes infraestructuras ( las estaciones de trenes, los puertos, la zona de “Sokoburu”, el aeropuerto…). Hoy en día, el futuro de unas de estas infraestructuras está discutido con el fuerte crecimiento de la Eurociudad Vasca. Esta conurbación se traduce por una forma de cinta continua de espacios construidos con un tejido flojo entre Baiona y Donosti.
En esta visión prospectiva sobre el futuro del consorcio como elemento importante de este proyecto de Eurociudad, ponemos el aeropuerto de Hondarribia al centro de nuestra reflexión. Su destino esta incierto mientras que su frecuentación baja frente a la de los aeropuertos vecinos (Biarritz y Bilbao) que aumenta, su normalización cuasi imposible, su perjuicio hacia el medio ambiente que genera, y la probable competencia de la LGV, nos deja creer que desaparecerá dentro unos anos.

La huella dejada por esta infraestructura liberara mas de 30 hectáreas al centro de la bahía de Txingudi, creando uno de los territorios mas caros de Europa. Vemos aquí, la oportunidad de restituir a la bahía una parte de la orilla sustraída en los anos 50. Haci, un lineal de casi 2 kilómetros podrá bascular en los bienes públicos y enriquecer el camino existente.
Aquí, no trataremos de imaginar el urbanismo futuro de Hondarribia en su totalidad, tampoco de tratar de las problemáticas de densificación para una tal reconversión, pero mas bien de anticiparlas asegurando a este territorio una relación identitaria con su paisaje.
Esta búsqueda nos permite pensar de nuevo el actual camino de la bahía instalando dispositivos espaciales permanentes, como balizas, profundamente ancladas en el sitio, dando la oportunidad de descubrir de este paisaje único.
El recorrido es una historia, caminar lo es escuchar una historia. Como aquella, tiene su propio ritmo, sus secuencias, su subida en potencia, sus pausas, y su desenlace. Una bella historia no se compone solamente de bellas frases, de la misma manera, un recorrido no es solamente un bello paisaje. Cuando el recorrido bascula en los bienes públicos, tiene que ir mas allá del sencillo camino y de la observación. De esta manera cuando el paisaje lo merece, pensamos que el espacio publico puede ser revelador del lugar : el que hasta ahora caminaba, se convierte en el personaje principal, para que resienta y vibra con su entorno.
El balance sobre el actual camino de la bahía : su enlace intimo con los elementos, las futuras evoluciones de la zona y su carácter transfronterizo, nos ha conducido a actuar a través tres acciones, cada una responde a problemáticas muy dirigidas : REPARAR (1) las zonas dejadas en espera, ANTICIPAR (2) (3) (4) la futura densificación de Hondarribia, CELEBRAR (5) el paisaje.

(1) Aquí, el camino actual se interrumpe y se aleja de la orilla. Mas lejos, uno de los cuatro puentes internacionales, el puente peatonal, emblema de los primeros intercambios entre Francia y España , esta hoy en día abandonado y sin interés. Nuestra primera intervención va reactivar la memoria de este lugar. Tal una grapa, la instalación va soldar la fractura en este pasaje simbólico. El dispositivo nos guía progresivamente lo largo de la orilla de bajo del puente que se hace ahora un pasaje ineludible en la travesía hacia la orilla de frente. Hace de la barandilla, de la pared de sostenimiento, de las circulaciones verticales y del tejado, un mismo elemento, desplegándose como una cinta. El tejado, escoltado, imponente, actúa como un señal, una llamada a la curiosidad.

(2) El parque ornitológico de Plaiaundi es una de las pocas zonas que transcribe el atmosfera pantanoso originario, que componía le totalidad de esta desembocadura. Proponemos extender esta reserva sobre la parte del aeropuerto en contacto directo. La instalación se traduce por un gesto franco que permite atravesar esta zona pantanosa , y asegurar el enlace entre Plaiaundi (Irun) y el muelle del aeropuerto (Hondarribia). Tratamos aquí de una línea que se espesa para instalarnos lo mas cerca posible del ecosistema y del fenómeno de enmargado.

(3) Consideramos esta zona como la mas estratégica en la evolución de Hondarribia. Para protegerse y abstraerse de un entorno que imaginamos agresivo en el futuro (densificación de la zona), esta baliza será un refugio. Es un trabajo sobre el cercado refiriéndose a establecer un enlace entre el agua, el monte y el cielo.

(4) La punta es la primera llamada hacia el océano. En su arranque, el recorrido se levanta poco a poco ofreciendo un mirador al centro de la bahía. Este despegamiento propone una mirada global sobre la amplitud de Txingudi, mientras que lo que ocurre por debajo es otra cosa : nos apoyamos contra una pared con aberturas que cuadran el paisaje, nuestra mirada se para sobre secuencias elegidas del recorrido.

(5) El acantilado del Jaizkibel nos invita à alargar el camino de la bahía. Es el clímax del recorrido. En este lugar salvaje y primitivo, hacemos un gesto sencillo, el de añadir una piedra. Se trata aquí de pasar de la luz a la sombra, lo mas cerca posible del movimiento, donde las olas se rompen. Funciona como una caja de resonancia, húmeda, casi peligrosa, que transcribe las emociones sentidas en el océano.

Estos cinco dispositivos espaciales, reflejan nuestro punto de vista sobre el potencial del espacio publico. Introduciendo interioridades, trabajando con el cercado, el cubierto, abrimos el campo de las posibilidades sobre la manera de practicar estos lugares. En nuestro contexto socio-economico, estamos convencidos que nuestra sociedad necesecitaeste tipo de espacios para dar nuevas dimensiones al “vivir juntos”.La riquesa espacial, verdadera “valor anadida” de estos dispositivos, genera nuevas maneras de practicar el espacio publico, insospechadas y espontaneas. Mas que sucitar una parte de sueno, la arquitectura, aquí, esta utilizada como verdadero revelador del lugar.
Si en Francia nos quedamos hermeticos a este tipo de alternativas, otros paises que hacen prueba de un gran practica del espacio publico seran probablemente mas receptivas.

“Frente al mundo del occidente, solario, fisico, objectivo y sonoro, el nuestro (el de los vascos),gris, intreno y nocturno, auditivo, subjectivo, metafisico y silencioso, el del vacio habitable, de la aventura poetica y transcendental con el descubrimiento de la intimidad en la persona..”
Jorge Oteiza.


En France, l’espace public n’est pas un domaine d’exploration. Jamais remis en question, il ne propose pas de réelle expérience autour du parcours.
Le regard que l’architecte porte sur ce que l’espace public pourrait être doit évoluer. Nous considérons le projet de fin d’étude comme une opportunité de chercher, d’expérimenter, d’ouvrir les portes sur ce qui n’existe pas. Cet exercice reconsidère le domaine d’ application de l’ Architecture. A la frontière entre Urbanisme, Architecture, Paysagisme et Sculpture, nous ouvrons le champs des possibles et installons notre point de vue sur l’approche spatiale d’un parcours unique, celui de la baie de Txingudi. Transfrontalier, il est planifié pour tisser un lien direct et fédérateur entre la France et l’Espagne, à travers le consortio Basque de la Bidassoa (Hendaye - Irun - Fontarrabie). Néanmoins, ce chemin n’a pas été sujet à une conception globale et solidaire, chaque commune s’est occupée de son tronçon avec peu d’intérêt, peu d’investissement, lui conférant un profil générique, dans un environnement pourtant précieux.

La baie de Txingudi est un lieu inédit. Là où les pyrénées se meurent dans l’Atlantique, elle est le siège de phénomènes météorologiques qui lui confèrent un caractère changeant, caractéristique de cette zone. Ici, le ciel dévoile constamment un visage différent, l’incertitude du climat et des intempéries confèrent au site une lumière remarquable. Troublante et saturée après une tempête, inquiétante et menacante pendant unEnbata ( *ou Galerna à Fontarrabie, tempête de sable ), elle fait varier radicalement notre perception des couleurs, des reliefs, et des reflets, imposant autant de situations et d’humeurs. Au-delà de la météo et du grand paysage, le fleuve lui-même, la Bidassoa, dévoile des sensations uniques tout au long de son arrivée dans l’Océan. Les différents paliers de son élan vers l’Atlantique créent un séquençage, une montée en puissance : le calme de l’épaisseur marécageuse des Joncaux et de Plaïaundi, la dilatation plate et rassurante de la baie, la compression solennelle et angoissante entre les deux digues, la peur et la méfiance que provoquent les remous et les embruns du large.
L’importance du fleuve et sa charge émotionnelle nous confortent dans la nécessité d’en faire l’élément fondateur du projet, le liant de nos interventions.
Le visage de cette baie a été trop défiguré au cours du siècle dernier avec l’implantation de grosses infrastructures ( les gares de fret d’ Irun et d’ Hendaye , la piste d’aéroport de Fontarrabie, le port de plaisance et la zone de sokoburu à Hendaye, le port de Fontarrabie ... ) dont certaines sont aujourd’hui en passe d’être remises en question avec la forte croissance de l’Eurocité Basque. Cette conurbation se tradtuit sous la forme d’un ruban quasi-continu d’espace bâti au tissu lâche, entre Bayonne et San Sebastian.
Dans cette vision prospective sur le devenir du consortio en tant qu’élément constitutif de ce projet d’Eurocité, nous plaçons l’aéroport de Fontarrabie au centre de notre réflexion. Son sort est toujours mis en balance. Pourtant, sa fréquentation en forte baisse due à la compétition avec les aéroports de Bilbao et de Biarritz, sa mise aux normes quasi-impossible, les nuisances environnementales qu’il engendre et la probable concurrence de la future LGV nous persuadent de sa disparition à moyen terme.

L’empreinte de cette infrastucture libérera plus de 30 hectares, au milieu de la baie de Txingudi, créant un des fonciers les plus chers d’Europe. Nous y voyons l’opportunité de restituer à la baie une partie des berges qui lui avait été soustraites. Ainsi, un linéaire de prèt de 2km peut rebasculer dans le bien commun, et enrichir le chemin existant.
Il ne s’agit pas ici de considérer l’urbanisation future de Fontarrabie dans sa totalité et d’aborder les problématiques de densification inhérentes à une telle reconversion, mais plutôt de les anticiper en assurant à ce morceau de territoire un rapport franc et identitaire avec son paysage.
Cette recherche nous amène alors à repenser l’actuel chemin de la baie en mettant en place des dispositifs spatiaux pérennes, tels des balises, profondément ancrés dans le site, donnant à redécouvrir ce paysage unique.
Le parcours est un récit, le pratiquer c’est écouter une histoire. Comme elle, il a son rythme, ses séquences, sa montée en puissance, ses pauses, son dénouement. Une belle histoire ce n’est pas que de belles phrases ; de la même manière, un parcours ce n’est pas qu’un beau paysage.
Lorsque le parcours bascule dans le bien commun, il se doit d’aller au-delà du cheminement et de l’observation. Ainsi, quand le paysage le mérite, nous pensons que l’espace public peut devenir le révelateur d’un territoire: celui qui jusqu’alors arpentait devient le personnage principal, pour sentir et vibrer avec le lieu.
Le bilan dressé sur l’actuel chemin de la baie: son rapport intime aux éléments, les futures mutations de la zone et son caractère transfrontalier, nous a conduit à agir au travers de trois actions, chacune répondant à des problématiques très ciblées : RÉPARER ( 1 ) les zones laissées en attente, ANTICIPER ( 2 ) ( 3 ) ( 4 ) la future densification de Fontarrabie, CELEBRER ( 5 ) le grand paysage.

( 1 ) C’est ici que le chemin actuel s’interrompt et quitte la rive. Plus loin, un des quatres ponts internationnaux, le pont piéton, le plus ancien, emblème des premiers échanges franco-espagnols, est aujourd’hui délaissé et semble dénué d’intérêt. Notre première intervention va réactiver la mémoire de ce lieu. Telle une broche, elle vient resouder la fracture de ce passage symbolique. Le dispositif nous guide progressivement le long des berges sous ce pont , qui devient alors incoutournable dans le franchissement vers l’ autre rive. Il fait du garde corps, du mur de soutenement, des circulations verticales et de la toiture, un seul et même élément, se dépliant comme un ruban. La toiture, sculptée, imposante, agit comme un signal et un appel à la curiosité.

( 2 ) Le parc ornythologique de Plaiaundi est une des rares zones retranscrivant l’atmosphère marécageuse originelle, qui constituait l’intégratlié de cette embouchure. Nous proposons d’étendre cette réserve sur la partie de l’aéroport en contact direct. L’installation s’illustre par un geste franc qui permet de traverser cette zone marécageuse, et d’assurer la connexion entre Plaiaundi ( Irun ) et le quais de l’aéropot ( Fontarrabie ). Il s’agit d’ une ligne qui s’épaissit afin de nous placer au plus prêt de l’écosysteme et du phénomène de marnage.

( 3 ) Nous considérons cette zone comme la plus stratégique dans la mutation de Fontarrabie. Afin de se protéger et de s’abstraire d’un environnement que l’on pressent très agressif ( densification de la zone ) , cette balise constituera un refuge. C’est un travail sur l’enclos visant à établir un rapport entre l’homme, l’eau, la montagne et le ciel.

( 4 ) Cette pointe est un premier appel vers le large. Dans son élan vers l’océan, le parcours se soulève progressivement pour offrir un belvédere au coeur de la baie. Si ce décollement propose une vision d’ensemble sur l’amplitude de Txingudi, ce qui s’y passe en dessous est d’une autre nature. On vient buter contre une paroi percée qui cadre et met en scène le paysage, notre regard s’arrête sur des séquences du parcours bien choisies.

( 5 ) La falaise du Jaizkibel nous invite à prolonger le chemin de la baie. C’est le climax du parcours. Dans ce site sauvage et primitif, on effectue un geste simple, celui d’ajouter une pierre. Il s’agit de passer de la lumière à l’ombre, au plus près de l’action, là où les vagues se brisent. C’est une caisse de résonnance, humide, presque dangereuse, qui retranscrit les traceurs émotionnels de la pleine mer.

Ces 5 dispositifs spatiaux relatent notre vision sur le potentiel de l’espace public. En introduisant des interiorités, en travaillant avec le clos et le couvert, on ouvre le champs des possibles sur la manière de pratiquer ces lieux. Dans le contexte socio-économique actuel, nous sommes convaincus que notre société a besoin de ce type d’espace pour donner une nouvelle dimension au vivre ensemble. La richesse spatiale , véritable valeur ajoutée des dispositifs, engendrera de nouvelles pratiques, inattendues et spontanées. En plus de suciter une part de rêve, l’architecture est ici utilisée comme véritable révélateur du site.
Si la France reste hermétique à d’éventuelles alternatives, d’autre pays faisant preuve d’une grande pratique de l’espace public seront sûrement plus receptifs.
«En face du monde de l’occident, solaire, physique, objectif et sonore, le nôtre, (celui des basques), gris, interne et nocturne, auditif, subjectif, métaphysique et silencieux, celui du vide habitable, celui de l’aventure poétique et transcendant avec la découverte de l’intimité en la personne .» Jorge Oteiza.



2 comentarios :

31 de julio de 2013, 20:55 Anónimo dijo...

Echo de menos algún comentario sobre la arquitectura del sampleado, las referencias directas a Chillida, Villanova Artigas y Jean Nouvelle por ejemplo. Es interesante ver como las imàgenes de la arquitectura se convierten en otras cosas, bonitas ilustraciones de textos en este caso.

1 de agosto de 2013, 7:36 Arnulfo Ramirez dijo...

no entiendo como no se refiere en ningun momento a Chillida en esta pagina. Es un insulto, tomar un ideal tan profundo y retomarlo como si mismo.

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