Macla arquitectos

Biblioteca municipal/archivo histórico María Moliner . Orihuela


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El presente proyecto se realiza como consecuencia del primer premio obtenido en el concurso de fecha Junio de 2007, convocado por el Excmo Ayuntamiento de Orihuela, para la rehabilitación del antiguo hospital San Juan de Dios con objeto de convertirlo en biblioteca pública y archivo histórico municipal.




















“ La prosperidad ha hecho de nosotros niños caprichosos que olvidan y rompen sus juguetes para sustituirlos por otros nuevos, y hoy debemos reeducar a esa infancia mal criada para que recuerde, repare y utilice. Esos juguetes viejos son nuestro patrimonio, y acaso nuestra patria.”
Luis Fernández Galiano.

La biblioteca a proyectar tiene las características de una Biblioteca Central de red urbana, de la cual en la actualidad se carece en el municipio. Este tipo de biblioteca es un centro de lectura pública cabecera del sistema que coordina las políticas y servicios bibliotecarios en una red de bibliotecas municipales y que ofrece la colección bibliográfica y gama de servicios más completa de la red. Se completa el proyecto con la ubicación del importante archivo histórico municipal que en la actualidad se sitúa en unas dependencias de escasas condiciones para albergarlo.

Un interesante edifico en el olvido.
Una desapacible tarde de primavera tuvimos nuestra primera toma de contacto con el edificio a raíz de nuestra intención de presentarnos al concurso convocado por el ayuntamiento de Orihuela. Nuestra íntima relación personal con la ciudad nos había proporcionado una experiencia visual que se reducía a ver el estado exterior del conjunto, experiencia que poco nos hacía presagiar el impacto que nos produjo entrar en ese espacio olvidado desde hacia mucho tiempo y que apenas podíamos atisbar desde los múltiples paseos que habíamos recorrido por sus fachadas. Penetrar por la antigua puerta de madera que recae a la calle del Hospital, y ver en semipenumbra el deteriorado espacio interior del acceso, no hacia sino evocar en nuestra memoria episodios pasados de experiencias vitales poco agradables derivadas de su uso como hospital de beneficencia. Nuestra respuesta fue inmediata y casi irracional, cruzar la primera sala y llegar al claustro, o mejor dicho, al espacio central que suponíamos debería dotar de una luz serena las antiguas dependencias hospitalarias. Sin embargo, una vez traspasamos el arco que nos separaba del deambulatorio bajo el sencillo rótulo de “casa de oficios” que en su frente se podía leer , y ver el estado del claustro, no hacía sino confirmar nuestras primeras sensaciones de abandono. Un enorme ciprés jalonaba el claustro de una manera casi imposible debido a su difícil verticalidad; no pudimos sino pensar en lo lejos que quedaban aquellos versos que Gerardo Diego escribió en 1924 sobre el ciprés del Monasterio de Silos

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos

Esta desazón inicial se reforzó también por la gran cantidad de arbustos que habían surgido de manera espontánea imposibilitando la percepción de los andadores centrales, o por la falta de pavimento en grandes zonas del deambulatorio, circunstancias que nos invitaban igualmente al desasosiego, y porque no decirlo a la dificultad de la empresa a acometer. Incluso la fuente situada en la intersección de los andadores a duras penas se podía ver con claridad aunque era evidente su escasa estabilidad por el desplome que mostraba. En esa posición y mirando al techo del deambulatorio se podían ver las bóvedas de crucería marcadas por los arcos que recorren sus fachadas y al fondo la imagen de la Virgen de la Milagrosa en una especie de altar que dominaba el escenario. Las bóvedas de arista aparentemente se encontraban en un estado aceptable de conservación , en comparación con el resto de la estructura muraria, si bien debíamos asumir la existencia de innumerables fisuras que marcaban la fatiga de una construcción que se vislumbraba por tanto de una escasa calidad material. a excepción de una esquina que se había hundido lo suficiente como para agrietar los arcos que la soportaban. Nos resultaba fácil imaginar los pasos serenos y mudos de las monjas de la Caridad encargadas del cuidado de los enfermos recorriendo los andadores concebidos como espacios inundados por la paz. Casi era un susurro y comprendimos que el claustro era el límite entre el sonido y el silencio, la frontera entre lo divino y lo humano y como tal un elemento arquitectónico que debíamos de potenciar en nuestra propuesta.

Una vez superado el primer impacto decidimos subir a la planta primera por la escalera principal situada en la esquina suroeste del claustro. Tras pasar por debajo del sencillo arco que delimitaba el hueco de paso desde el andador, nos encontramos con una escalera de considerable escala y buena factura construida de manera aboveda pero que claramente incumplía cualquier característica geométrica propia del nuevo uso que se quería dotar a la edificación pues existía una importante cabezada en su desarrollo debido al paso hacia la zona de las dependencias de las monjas situado en la planta superior. Adentrarnos en la planta donde se situaban los dormitorios de los enfermos era un reto que se hacía más arriesgado debido a la escasa luz de la que disponíamos., aún así la curiosidad nos invadía y subimos con paso firme en búsqueda de nuevos secretos. Venían a nosotros episodios contados por familiares cercanos sobre de Llegar al andador superior del claustro fue una pequeña revelación a pesar de su triste estado de conservación pues los solados de baldosa hidráulica estaban rotos o en muchos casos eliminados, las paredes estaban desconchadas y en ocasiones descarnadas dejando a la vista la escasa calidad de los muros de piedra, con las carpinterías que cerraban el deambulatorio con el claustro totalmente destrozadas o deformadas. Aquí la luz, aunque ya escasa por la hora de nuestra visita, se mostraba plena inundando el espacio como si nos invitara a disfrutar de lo que antaño había sido.
Prácticamente se nos hizo de noche recorriendo el edificio por lo que decidimos terminar la visita con la convicción de que algo teníamos que hacer para devolver el edificio a su antiguo esplendor. No obstante, y a pesar de la percepción física descrita había algo en la atmósfera que despertó en nosotros esa sensación de calma serena del que se enfrenta a la belleza. Citando a Niestche en la Gaya Ciencia

Belleza que para nosotros radicaba ahora en la sencillez material de lo construido, en la ausencia de ornamentación, en la austeridad de las salas nobles y en definitiva en la humildad de su origen lo que hacía diferente este edificio de otros del patrimonio oriolano. Valores intemporales caracterizados por la ausencia y el silencio, espacios sobrios que incitan a un uso reflexivo. En este sentido nos pareció sumamente acertada la opción de su reconversión en biblioteca. Nos enfrentábamos a un pequeño frasco de perfume esperando que recuperamos su esencia.

BIBLIOTECA MUNICIPAL/ARCHIVO HISTÓRICO MARÍA MOLINER de ORIHUELA. ALICANTE
1º PREMIO en CONCURSO
Promotor: Excmo. Ayuntamiento de Orihuela. .
Situación: Calle del Hospital. Orihuela (Alicante).
Fecha: 2.009-2.0013
Presupuesto: 2.601.137 euros.
Constructora: Doalco S.A.

MACLA ARQUITECTOS SLP
ELENA ROBLES ALONSO
MIGUEL CABANES GINÉS
PEDRO GAMBÍN HURTADO


1 comentarios :

13 de mayo de 2013, 11:06 Anónimo dijo...

Genial proyecto! Enhorabuena!

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