buchmeiervilā

rehabilitación de la fachada del coac . barcelona


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El edificio del Colegio de arquitectos de Catalunya tiene una carga simbólica y representativa para la imagen de la arquitectura y los arquitectos. Situado en el centro histórico de la ciudad tiene una situación urbanística prestigiosa dentro de Barcelona. Des de la percepción del espacio público es una fachada que tiene que enseñar su presencia dentro de esta situación y por lo tanto ha de aceptar su naturaleza monumental.









El objetivo del concurso era la rehabilitación de la fachada actual. Para empezar uno debe preguntarse si la fachada que hubo de 1970 y la que ha habido hasta ahora cumplen con su primer objetivo de eternidad y si son capaces de reflejar el sentido del edificio urbanísticamente e ideológicamente. Estas dudas surgen por el hecho que hay y hubo que rehabilitarla y por la imagen que al público le queda sobre este edificio: uno piensa que el colegio es sólo un zócalo coronado con un gravado y no entiende que el edificio superior forma parte del mismo.
El friso de Picasso demuestra que es una arte aplicada sobre un edificio que no es capaz de cumplir con la responsabilidad que le corresponde. Volver a revestir la fachada actual con el mismo volumen, y es más, volver a reproducir la que hubo en 1970 y aceptar esto como la representación de la arquitectura es un esfuerzo en vano. El friso siempre tendrá más fuerza. Como arquitectos contemporáneos no podemos representarnos con un edificio compuesto sobre una obra de arte adherida ni tampoco volver a reproducir una fachada de los años 70 de una forma “energética” con “sistemas constructivos actuales”. Nos tenemos que representar por un edificio sincero, eterno y entero arquitectónicamente y constructivamente.
La fachada del colegio debe representar una ideología, filosofía, raíces y el intelecto de lo que es la arquitectura y el urbanismo: de lo que históricamente ha sido Barcelona. Esta fachada debe formalizarse con una forma pura haciendo frente a la catedral y al resto de la ciudad. De la misma manera como la gente reconoce la catedral como catedral, debe reconocer también que en este edificio se piensa sobre la ciudad.
La idea de la propuesta es una fachada que contiene, que refleja y formaliza lo que pasa detrás suyo. Una fachada que contiene y refleja hasta tal punto que llega a formar una nueva tipología muy alejada de lo que creemos que es una fachada clásica: un envoltorio que representa lo que es y lo que engloba. Por lo tanto, es un espacio: el espacio puro por dentro y una estructura que ambiciona ser eterna hacia fuera. Para conseguirlo este espacio debe estar elevado de la ciudad y necesita recortes para que la ciudad vea qué es y el edificio mire hacia ella. No es un espacio privado, es un espacio anónimo sólo para la arquitectura. Interiormente es un espacio académico con tanta fuerza que cada uno de nosotros cuando entramos recordamos nuestra pasión. Este espacio habla con formas básicas y estructura arcaica. Es un edificio estructuralmente eterno que simboliza la casa de los arquitectos. Hacia dentro es donde se reflexiona y se organiza la arquitectura, hacia fuera se impacta sobre la vida pública y se muestra que se hace. Sobre la ciudad cierra un vacío y genera un vacío en su interior. Esta tipología representa la responsabilidad de los arquitectos; históricamente la arquitectura se decidía entrono a las iglesias pero actualmente pasa en el colegio. Interiormente la piel que cubre los espacios cerrados es una doble capa de cristal totalmente plana y reflectante. Es energéticamente lo más eficiente, y más importante; duplica el espacio y sobrepone el ocular abstracto con la realidad de la ciudad.

Este vacío es también un jardín, un claustro, un escenario, una plaza, una fuente, un patio y por sus recortes es también es una casa:
Es el gran destilado de Barcelona.


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