Sánchez . Ubera . Valderas

Centro Cívico Ajerquia . Córdoba


origen: gracias a Mercedes Sánchez González . José Luís Ubera Ruíz . Olga Valderas Grisalvo . Infografías: José Allona Rosendo

La intervención se encuentra afectada en gran medida por la compleja configuración de la trama del barrio de la Ajerquía. La densidad de ésta, da lugar a un intenso y homogéneo tejido de pequeños patios en los que únicamente destacan algunos vacíos de mayor tamaño como son los que acompañan a las Iglesias de San Agustín, Santa Marina y el Palacio de Viana.
De este modo la parcela, una vez liberada de las construcciones añadidas a la crujía de fachada protegida que data del s. XVII, aparece como un nuevo gran vacío estrechamente ceñido por las edificaciones colindantes. El límite con la vía pública lo construye la edificación existente, cuya primera crujía se protege y depura, eliminando elementos añadidos y recuperando las dimensiones y seriación original de huecos en su fachada.















La nueva edificación se apropia del espacio de planta baja registrando sus límites y colmata el área disponible generando una nueva estructura a partir del módulo que representa el espacio libre protegido de los inmuebles existentes. Los patios actuales se duplican de forma que organizan el espacio en torno a ellos y lo construido se prolonga en una secuencia equivalente a la que proporcionan las primeras crujías, estableciendo una pauta métrica en todo el ámbito de la parcela que hereda el esquema constructivo tradicional de la zona.
La configuración de usos respeta la localización de los programas de cada administración en el ámbito de la propiedad que le corresponde y, a su vez, permite la conexión y posible futura unificación de ambos. Esta posibilidad futura, junto con el conocimiento de que la parcela era, en origen, una sola propiedad y construcción, concede a la propuesta la aspiración de entenderse como un único edificio que da la opción, a sus distintos usuarios, de convivir sin entrecruzar sus funciones o recorridos.
El espacio continuo de planta baja permite extender caminos que exploran las primeras salas del Centro Cívico, un espacio de distribución óptimo para el desarrollo de exposiciones temporales que, junto con la secuencia de patios que introducen iluminación natural, nos acompañan hasta el límite de la parcela donde accedemos al salón multiusos o a niveles superiores.


La planta intermedia se transforma en un gran nivel lúdico -playground- que recupera el vacío generado en la trama urbana, dotándolo de los servicios necesarios para proporcionar una amplia estancia al aire libre en donde desarrollar las actividades de ocio, entretenimiento y juego. Este nivel cuenta con la posibilidad de adecuar accesos y salas a cubierto que permitan su uso en distintas épocas del año, bien dejando que el aire llegue hasta todos sus puntos, bien sectorizando zonas por medio de carpinterías móviles que acondicionen recintos interiores.
Se concibe esta área como el espacio central y principal del edificio, el que conecta todos los niveles introduciéndose en los patios de planta baja, emergiendo en altura hasta envolver toda la edificación y vinculándose visualmente con la Plaza y la Iglesia de San Agustín. La crujía de fachada es la que organiza el encuentro entre la plaza urbana y este nuevo espacio exterior abierto al público y filtra el acceso y las vistas entre ambos, permaneciendo como espectador de las actividades que se desarrollan en el interior.
La biblioteca y las aulas-taller, espacios esenciales del Centro Cívico, ocupan una privilegiada planta segunda provista de luz durante todo el día, tamizada por la materialidad de los cerramientos verticales y la cubierta. Esta planta satura el fondo de la parcela, controlando así la heterogeneidad de medianeras emergentes alrededor y mira hacia el interior girándose levemente hacia la Iglesia de San Agustín, generando su propia identidad al desvincularse estrictamente de la trama de plantas inferiores sin negarla, gracias a su condición suspendida sobre el espacio lúdico. Tomando la idea de Eduardo Chillida de “esculpir el vacío con formas”, una aseveración que proponía transmutar la relación figura-fondo, la planta segunda envuelve el espacio vacío que queda “tallado” por su abrazo y hace habitables los pasajes inferiores.


Cada uno de los niveles del edificio dispone de diferentes métodos de emplear la luz natural en sus espacios. En planta baja el uso de colores claros, el tamaño de los patios y su disposición alterna ofrece una iluminación más controlada, acorde a los espacios expositivos. Se confía en la regulación de la luz a través de celosías de gran espesor que separan distintas estancias según una interpretación del modelo constructivo tradicional, estableciendo así una analogía con los gruesos muros de carga que determinarían una estructura de crujías paralelas a fachada.
El nivel de ocio se entiende abiertamente como espacio exterior, con un pavimento continuo apto para la práctica de diferentes actividades. En esta continuidad se insertan materiales blandos e incluso vegetales que dulcifican la imagen de la plaza. Los espacios en sombra se localizan bajo la cubierta que ofrece la segunda planta, pudiendo utilizarse tanto como recintos interiores como exteriores.
Las aulas-taller y la biblioteca se benefician de un sistema de cerramiento formado por una doble piel de vidrios y celosías que regulan la luz que reciben, creando entre sus intersticios espacios intermedios habitables en donde se organizan vestíbulos, accesos y salas exteriores a cubierto. En las aulas, donde existe una necesidad de iluminación más controlada, la entrada de luz se produce cenitalmente a través de lucernarios en la cubierta, situados en el contacto con las medianeras.


El equipo redactor está compuesto por:

Redactores:
Mercedes Sánchez González, arquitecta
José Luís Ubera Ruíz, arquitecto
Olga Valderas Grisalvo, arquitecta

Infografías:
José Allona Rosendo.



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